
Hacienda debe probar
Dirigido a autónomos, pymes y profesionales que hayan recibido una inspección o una regularización basada en ingresos presuntos.
A veces una inspección empieza con una frase sencilla: “estos números no cuadran”. Puede ser un margen bajo, una diferencia entre bancos y libros o una contabilidad que, sin ser perfecta, refleja la realidad del negocio. El problema llega cuando de esa sospecha se pasa a una liquidación de IRPF o IVA, y además con sanción.
Ahí aparece la estimación indirecta. Dicho claro, es el método que permite a Hacienda calcular la base imponible, la cifra sobre la que se pagan impuestos, cuando entiende que no puede conocerla por los medios normales. La Ley General Tributaria la contempla, pero no como un atajo cómodo, sino como una vía excepcional.
No toda discrepancia contable autoriza a presumir ingresos ocultos. No basta con decir que los datos son raros, que el margen parece bajo o que habría podido facturarse más. La Administración debe justificar una anomalía sustancial y explicar por qué no puede calcular la deuda por los métodos ordinarios. Sospechar no es probar.
Recientemente, el Tribunal Económico-Administrativo Regional de la Comunidad Valenciana ha estimado una reclamación defendida por nuestro equipo asesor. Sin identificar al contribuyente ni entrar en datos reservados, la enseñanza es clara: cuando falla el presupuesto que permite usar ese método, pueden caer también las liquidaciones y las sanciones.
El valor de la defensa estuvo en no pelear solo una cifra, sino en revisar la base del procedimiento: por qué se había usado ese método, qué pruebas reales existían y qué parte era una simple presunción. Conviene bajar un poco el miedo inicial. No conviene confundir pagar menos con tener razón, ni aceptar una regularización excesiva solo por evitar el conflicto.
La Administración tiene facultades amplias para perseguir el fraude. Pero la experiencia enseña que la burocracia, cuando se apoya demasiado en presunciones, puede olvidar que detrás hay negocios reales y contabilidades imperfectas, aunque defendibles si se explican bien.
Una reclamación bien trabajada necesita orden, prueba y criterio técnico. La estrategia importa tanto como los libros contables, porque a veces el punto decisivo no está en el último número, sino en demostrar que Hacienda no podía saltar directamente a un método excepcional.
Ante una inspección, la clave no es correr, sino decidir bien. Revisar los papeles, ordenar la prueba y cuestionar técnicamente lo que no esté justificado puede cambiar el resultado. Hacienda puede presumir, pero cuando liquida y sanciona, debe probar.
LET’S GO
Gabi Martínez
Economista
MARTINEZ ABAD CONSULTORES










